Historia

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Don Pelayo - L. Madrazo (1856)
Museo de Covadonga


Detalle PelayoDetalle ObispoDetalle HermesindaDetalle Guerreros
Proclamación de D. Pelayo
L. Madrazo (1855)
Basílica de Covadonga


Batalla de Covadonga
J. Navia - J. Rodriguez (c.1790)



Cruz de la Victoria
Manchón - Cuevas (1879)



Epitafios Pelayo y Alfonso I
Ciriaco Miguel Vigil (1887)



Sepulcro Abacial Colegiata
E. Buxó - G. Gándara (c.1873)





Sepulcros Colegiata
Buxó - Frassinelli (c.1873)


  La Edad Media comienza con la sublevación de los astures y cántabros contra la invasión musulmana, acontecida a partir de la derrota del ejercito del rey visigodo Rodrigo en Guadalete (711).

   El relato de los hechos nos lo dan las crónicas cristianas Albeldense y las de Alfonso III (Rotense y A Sebastián) realizadas a finales del siglo IX, además de documentos como la donación de Alfonso II a San Salvador en 812, y también las crónicas mozárabes y musulmanas. Estas crónicas presentan diferencias importantes entre si respecto a la procedencia de Pelayo y su venida a Asturias.

   La Albeldense nos da dos versiones: en la primera Pelayo sería hijo del duque Fafila de Galicia que por rencillas con el rey Witiza habría sido desterrado de Toledo y refugiado en Asturias antes de la invasión. La segunda versión le hace hijo de Bermudo y nieto del rey Rodrigo.

   La crónica Rotense nos lo presenta siguiendo la segunda versión de la Albeldense, como espatario de los reyes Witiza y Rodrigo, viniendo a Asturias con su hermana cuando ya gobernaba el musulmán Munuza en Gijón. La crónica A Sebastián escoge la primera versión, la de hijo de Fafila , añadiendo que su linaje es de ascendencia real, pero acogido a las montañas con otros nobles godos en época incierta.

   La Rotense, la más explícita de todas las crónicas, narra el enamoramiento y casamiento de Munuza con la hermana de Pelayo, enviándo a este a Córdoba mediante engaños, que descubiertos por él provocan su vuelta y su determinación de llevar a cabo la rebelión de los cristianos contra el poder musulmán. Continúa con la huida del lugar de Brece y su llegada al valle del Sella, reuniéndose en concilium con los habitantes del lugar y siendo elegido princeps en 718.

   La posterior versión A Sebastián omite a los astures y presenta en esta elección a la nobleza visigoda que le acompañó en su huida a la región, en un intento de seguir la tradición gótica, presente ya en la corte de Alfonso III. La crónica Albeldense no entra en detalles de la elección, limitándose a decir que Pelayo fue el primero en reinar en Asturias (Cangas) durante dieciocho años.

   Los musulmanes responderían a la sublevación enviando una expedición de castigo comandada por Alqama y el obispo traidor Oppas. Pelayo se acogería al abrigo del monte Auseva, en el estrecho valle del río Diva, derrotando en la Batalla de Covadonga a las tropas islámicas. La historiografía tradicional databa esta en el mismo año de la proclamación de Pelayo, es decir en 718, pero Sanchez-Albornoz la retrasaría hasta el 722 con argumentos sólidos pero no definitivos.

   Las crónicas ponen de relieve la existencia de culto cristiano en la cueva del Auseva (Cova Dominica), albergando una imagen de la Virgen, custodiada por un hermitaño. El relato de la batalla se presenta lleno de elementos fantásticos e hiperbólicos, sobre todo en las crónicas de Alfonso III, que atribuyen a la victoria de los cristianos un carácter providencialista (intercesión de la Virgen) y vincula a la inicipiente monarquía asturiana con la desaparecida visigoda, oponiendo a la perdida de España la Salus Hispaniae, principio de lo que después se conocería como la Reconquista.

   Los restos del contingente derrotado escaparían atravesando los Picos de Europa, siendo sepultados por un desprendimiento en Cosgaya, y el gobernador Munuza sería muerto en su huida en el sitio de Olalies, lugar que la crónica Albeldense omite.

   En Cangas de Onís, Pelayo establecería la pequeña corte y reinaría hasta su muerte en 737, siendo enterrado en Santa Eulalia de Abamia, y trasladado a la Cueva de Covadonga hacia el siglo XIII, donde se encuentra ahora.

   Le sucede su hijo Favila (737-739), muerto por
un oso. Funda en Cangas la iglesia de la Santa Cruz, donde la tradición colocaba la Cruz de la Victoria o Cruz de Pelayo, portada en la batalla de Covadonga y mandada después adornar, en el castillo de Gauzon, por Alfonso III en 916, tomándola como enseña él y sus sucesores. Fue donada a San Salvador de Oviedo y se custodia en la Cámara Santa .

   Alfonso I (739-757), hijo del duque Pedro de Cantabria y casado con Hermesinda, hija de Pelayo. A este rey atribuye la tradición, y unos diplomas apócrifos (740), la fundación de la primera comunidad monástica en Covadonga, probablemente según la Regla de San Benito. Está enterrado en la Cueva.

   Sucederán a este: Fruela I (757-768), asesinado en Cangas, Aurelio (768-774), y Silo (774-783), que trasladará la corte a Pravia.

   Nada queda de la primitiva fundación benedictina y su monasterio, excepto dos sepulcros abaciales, de estilo románico (siglos XI-XII), adosados al muro posterior de la actual Colegiata de San Fernando.

  Las primeras noticias datan de las memorias del santo rey Fernando III, desde Oviedo en 1232,
y su hijo Alfonso X, desde Burgos en 1308, con privilegios rodados y confirmando donaciones y cotos. Por este tiempo, o quizá anterior, sería el origen del Coto Abacial de La Riera de Covadonga, que incluía los lugares de La Riera, Llerices y Covadonga, siendo el Abad la máxima autoridad civil y eclesiástica. Aún hoy se refleja en el actual mapa parroquial.

  La comunidad religiosa pasará a estar compuesta por canónigos regulares de San Agustín, como refleja la relación de abadias del Libro Becerro del Archivo Capitular de la Catedral de Oviedo, mandada redactar por el obispo D. Gutierre de Toledo en 1385:
La abadía de Covadonga es de canónigos reglares pleno jure subjeto al obispo E el obispo ha de uesitar e correger al abbad e convento...
  Y en el inventario de parroquias del año 1386:
San Justo es parrocha del pueblo de Covadonga e preséntela el abbad dende.
Es capellán
(en blanco). Ha de manso çinco días de bues. De los diezmos lieva la metad el abbad, la otra metad el capellán. Paga media procuraçión. Riende esta capellanía (en blanco) mrs. (maravedíes).
  Y añadido al margen posteriormente, en el siglo XVI:
Esta capellanía es anexa perpertuamente al monesterio e iglesia de Covadonga. Fizolo el Obispo D. Diego de Muros (1512-1525), por la tenuidad y pobreza de la abbadía.
  Archivo Capitular de Oviedo. Libro Becerro. folio 352r.
  F. Javier Fernández Conde - La Iglesia de Asturias en la Baja Edad Media - IDEA, Oviedo, 1987.

  Tambien existen referencias a los abades en los testamentos de D. Pedro Diaz de Nava, en junio de 1289, y el de D. Rodrigo Alvarez de las Asturias, hecho en Lillo el 16 de Agosto de 1331.

  En 1495 los Reyes Católicos prohibirían el cobro de la contribución a los vasallos del monasterio, privilegio habitual de los reyes con las iglesias del reino.

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