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| Un especial de El Mundo |
cada día más pobres |
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Por Adela Farré Intermón Oxfam En las sonoras fanfarrias sobre el cambio de milenio, el siglo XX ha sido caracterizado repetidamente como el de la "liberación de la mujer", y el tercer milenio se anuncia como el de la ineluctable "feminización" de la sociedad. Sin duda, en los últimos decenios se han producido avances importantes en la situación de la mujer, en el respeto a sus derechos fundamentales, en la corrección de situaciones de discriminación, sin embargo, un repaso de las estadísticas nos confirma que es mucho más extenso el camino que queda por recorrer que lo avanzado hasta ahora, y que algunas situaciones de aparente progreso son tan frágiles que un golpe de viento adverso la ideología paternalista y machista que aún impera por doquier puede llevárselas por delante. No se puede olvidar que según cifras de las Naciones Unidas son mujeres el 70% de los 1.200 millones de pobres absolutos que hay en el mundo. Así mismo, son mujeres dos tercios de los 876 millones personas analfabetas. La falta de educación es una barrera económica y social que impide el desarrollo, pero en el caso de las mujeres, además, tiene consecuencias directas sobre la salud y el futuro de sus familias.
Puede que entre las mujeres que residen en los países más ricos el acceso a la educación y a los servicios sanitarios ya no sean un problema, pero sí es evidente que muy pocas de ellas han conseguido puestos decisivos en las esferas del poder económico, social y político. Así, por ejemplo, si el número de trabajadoras en las oficinas de las 560 mayores corporaciones del Canadá era de un 12% en 1999, su representación en los puestos más altos de dirección se reducía a un exiguo 3%. En Alemania, en 1995, la presencia femenina entre los altos ejecutivos o miembros de consejos de dirección de las 70.000 mayores empresas del país se reducía también a entre un 1% y un 3%.
¿Por qué cuesta tanto hacer tangibles unos derechos que la mayoría reconocen? Para algunas investigadoras, como Agnès Gallamard, una de las razones básicas hay que buscarla en la falta de acción de los Gobiernos de todo el mundo para hacer efectivos éstos derechos. Para esta autora, la propia escasez de mujeres en los puestos decisivos de la sociedad explica la falta de atención a programas que favorezcan la compaginación de vida laboral y maternidad, o la adecuada prevención de la violencia doméstica y el necesario acompañamiento de las víctimas. Las mujeres somos cada día más, pero en conjunto somos cada día más pobres, lo que condena a muchas a un círculo cada día más profundo de pobreza y marginación. Hay que romper esa dinámica mediante la acción concertada de Gobiernos, instituciones internacionales y sociedad civil. Hay que cambiar leyes, pero hay que cambiar sobre todo mentalidades. ¿O es que acaso la Humanidad del siglo XXI puede permitirse el lujo de menospreciar o prescindir del talento de 3.000 millones de seres humanos? |