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Óleo sobre tela. 81 x 100 cm. Sátiro iracundo y lascivo, que sueña acariciar tus blancos muslos, temblorosos y excitados por las caricias de sus palabras. Tus ojos se llenan de las imágenes que recomponen esos sueños más íntimos, oleos de una pintura erótica que recomponen aquella arquitectura primitiva y sensual, que nos hizo ser lo que somos: hombres.
Sin las cadenas de la moral, de ningún contrato, prisioneros únicamente del deseo.
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