Historia y anécdota de un barrio caspolino “EL PLANO”
Al iniciarse la segunda mitad del siglo XX en El Plano casi todo eran campos. Constituía la zona un extrarradio próximo al centro urbano, pero con apenas cicatrices que denotaran una mínima urbanización. El terreno era fértil: se sabe que discurrían por él generosos manantiales ("especialmente entre el huerto de las monjas y cerrado de D. Manuel Albiac", escribirá Valimaña hacia 1860) que fueron encauzados en 1760 para llevar el agua al surtidor instalado en la plaza del Mesón (ahora de la Soberanía Nacional).

El antiquísimo paso de ganado que subía desde la calle Hospital, Cantón del Coso y Valimaña, atravesaba El Plano por su parte más baja. |
Hacia 1950, los terratenientes de la zona debieron de pergeñar la urbanización de este sector que, tras la Guerra Civil, fue destinado a almacén donde se depositó todo tipo de material de la contienda que había quedado inútil y abandonado, desde ametralladoras a restos de tanques…, un auténtico foco de atracción de niños y adolescentes que, sin valorar justamente los riesgos, se adentraban en un mar de chatarra en busca y captura de los apreciados “cojinetes”.
En 1953, quienes estaban llamados a ser los primeros vecinos de El Plano comenzaron a adquirir parcelas, muchas de ellas a los hermanos Leopoldo y Luscinda Bosque Albiac. En octubre de 1955 la prensa se hacía eco de que “al nuevo barrio que se construye” ya se le había dotado de agua potable. Un año más tarde ya se habían levando los primeros edificios, que albergarían a las familias pioneras: Rivera, Cebrián, Jordán, Campos, Royo... Todo iba deprisa, muy deprisa... y el seis de enero de 1956 la calle central estrenaba nombre: Isabel la Católica.

La zona porticada de la calle Palafox se convirtió en una de las más singulares y admiradas ya en los años sesenta. |
El arranque de los sesenta supondría la consolidación definitiva de este naciente sector del casco urbano. En el Ebro se estaba construyendo el pantano que hoy conocemos como Mar de Aragón; desde la cabeza y hasta la cola, las aguas iban a anegar 7.540 hectáreas de terrenos ribereños, de ellas no pocas en el termino municipal de Caspe. Eso supuso que numerosos huertanos radicados en el barrio rural de La Herradura se vieran forzados a abandonar las tierras que habían sido solar de ellos y de sus antepasados; no sin dolor, casi todos optaron por reinstalarse en el pueblo y números fueron los que eligieron el área de El Plano.
Las obras del embalse motivaron la llegada, desde lejanos puntos de España, de centenares de familias de trabajadores; en 1961 el corresponsal caspolino del periódico zaragozano ‘El Noticiero’ cifraba en unas 1.500 personas las que constituían la colonia de emigrantes. De este contingente humano también se benefició el proyecto urbanístico de El Plano, pues numerosas casas fueron ocupadas por gentes ‘de la Enher’, es decir, por quienes habían venido a Caspe para trabajar en la construcción del pantano y de sus diques.
UN BARRIO QUE LLAMA LA ATENCIÓN
El nuevo barrio llamaba la atención de propios y extraños. El cinco de mayo de 1961 ‘Akela’ (Miguel Murillo Aragón), de los más entusiastas colaboradores de ‘Radio Caspe’, se deshacía en elogios desde los micrófonos de la emisora:

En 1959 se ponía la primera piedra de la futura fábrica de conservas de la Cooperativa "San Lamberto". |
"Sinceramente, he de confesar que estaba muy lejos de suponer un crecimiento tan acentuado como el realizado en este sector de nuestra población. Algunos edificios completamente terminados, de elegantes líneas y dando una sensación de solidez extraordinaria se alzan majestuosos como auténticos brotes de grandeza de nuestra ciudad que camina a pasos agigantados hacia el logro de una realidad que se le ofrece al alcance de la mano, a poco esfuerzo que realicen los que sienten el orgullo de llamarse caspolinos. Porque en ese Plano, no ha mucho tiempo descampado, van surgiendo con una rapidez digna del mejor encomio, unas edificaciones que perfilan unas amplias calles que a no tardar competirán en elegancia con el resto de la ciudad”.
No todas las infraestructuras se acometieron en un primer momento. La prensa regional informaba a finales de 1972 de que se estaba emprendiendo la pavimentación de las calles, lo que permite deducir que tan necesaria infraestructura tuvo que esperar hasta entonces. También nos ofrece pistas de algunas deficiencias la carta de una vecina de El Plano que ‘Tiberio’ (Octavio E. Jover) leyó en sus popularísimas ‘Ráfagas de la calle’, en horario estrella de la emisora local: "Cuando todavía hay luz solar encienden las luces y apenas son las diez de la noche, dejan de funcionar, quedando en funcionamiento tan solo una de cada dos" (30.07.1973).
"SUBIR AL PLANO"

La actividad comercial se fue incrementando con el paso del tiempo hasta ocultar todo el espacio central y aledaños. |
La autoridad municipal decidió que El Plano fuera la sede del siempre atractivo mercadillo ambulante; desconocemos desde cuando, pero hay testimonios cinematográficos que ya acreditan esta actividad en 1974. El trajín de tenderetes y comerciantes servirá pronto de excusa para que el resto de los caspolinos ‘suban’ al barrio al menos unas cuantas veces al mes, lo que permite ‘acercar’ a toda la ciudad esta vital parte del pueblo.
El Plano era también territorio por el que pasaban diariamente cientos de los alumnos del ‘laboral’, un instituto cuya primera piedra se había colocado el 4 de noviembre de 1964 y con cuyo primer nombre se quiso honrar a uno de los científicos aragoneses más prestigiosos de nuestros tiempos: José María Albareda Herrera.
La decisión de establecer en el barrio el ‘Hogar del Jubilado’, contribuyó también de manera decisiva a consolidar su atractivo; el alcalde José Besteiro y el primer presidente de la entidad, Vicente Barceló, inauguraron las instalaciones el 3 de mayo de 1982, bajo la atenta mirada del director general de la Caja de Ahorros, José Joaquín Sancho Dronda, que representaba a la entidad que había cedido los 677 metros del local.

La apertura del Hogar del Jubilado "El Plano" contribuyó de forma notable al trasiego de gentes por la zona, respondiendo además a una necesidad imperiosa en aquellos principios de los ochenta. |
En todo caso, dos actuaciones anteriores, imprescindibles y decisivas habían conseguido que la urbanización de El Plano se consolidara. Las dos se acometieron durante la alcaldía de Isidoro Ricart (1968-1976): la canalización de la acequia de la Villa, que prácticamente rodeaba el barrio entorpeciendo su desarrollo; y la apertura a la carretera de la calle Isabel la Católica, es decir, de la principal vía urbana de toda la zona, que por intereses inmobiliarios durante mucho tiempo solo llegaba hasta la plaza Agustina de Aragón.
En fin, un amasijo de recuerdos del pasado, que seguro que han sido evocados más de una vez por los abuelos que aprovechan los muchos ratos de resol para reunirse a conversar... ¡Radio la Palmera denomina el runrún popular a la amable peña que suele acomodarse a la sombra del árbol del barrio que les da nombre!
Y antes de abrir el capítulo de fiestas, dejemos anotada una curiosidad: que nosotros sepamos, Francisca Cubeles Garcés fue la primera vecina del barrio en cumplir los 100 años de edad; sonado resultó el homenaje que se le tributó el 12 de noviembre del 2005.
DIVERTIRSE Y DIVERTIR
Pues sí, las gentes de El Plano se saben divertir y saben divertirnos; por ejemplo, en aquellos lejanos días festivos de San Roque. ¿Quién no se acuerda de las vaquillas de los años setenta? Se disfrutaron con verdadera pasión popular, fueron el número preferido de todos los festejos del programa y las hemerotecas conservan la memoria del primer año que se celebraron en el barrio: 1971.

Ebullición de iniciativas ciudadanas en los primeros años de la Transición. Mensajes ecologistas precursores de los 'graffitis'. |
En las fiestas de agosto la diversión también supo ir de la mano con el acto reivindicativo, muy propio de la Transición. Por eso, hacia 1977, se organizaron concursos de ‘pintadas’ en las largas tapias que entonces delimitaban parcelas hoy convertidas en edificios; autonomía, nucleares y trasvase fueron para los artistas los temas principales de reflexión.
Durante algún tiempo, antes del arranque de ‘ExpoCaspe’, numerosas actividades de las ferias de noviembre encontraron en El Plano su plató ideal. En el año 1975 la calle Isabel la Católica albergó las atracciones infantiles, que abandonaron la plaza Mayor; bajo los soportales de la calle Palafox se instalaron los tenderetes de la ‘I Feria de Artesanía Local’, promocionada por el CIT; y los de ‘El Guadalope’ montaron una ‘Feria del Libro’ en la que de los 1.200 ejemplares expuestos se vendieron más de 300, o sea unas 50.000 pesetas (número uno: "Un proyecto de democracia para el futuro de España", de Ramón Tamames).

Buena parte de la tipología y desarrollo de una fiesta anual que hoy se considera 'imprescindible' surgió de la iniciativa de los vecinos de El Plano. |
Y qué decir de las ‘Fiestas del Compromiso’, que nacieron aquí para convertirse con el paso de los años en el hito principal del calendario festivo caspolino. ¿Fue la de 1982 la primera edición?, si ustedes nos ayudan a recordarlo lo contaremos algún día en un próximo trabajo.
Programaciones festivas en los veranos y hasta en los fríos inviernos caspolinos que nunca abandonaron el bien abonado escenario de El Plano, ...a veces con algún que otro desliz, aunque no precisamente por culpa de los vecinos. En noviembre de 2001 el semanario ‘La Comarca’ asignaba un ‘bastos’ al Ayuntamiento por haber montado en el barrio una carpa para conciertos y haberse olvidado de algo tan elemental como la instalación de unos urinarios: "Así el público asistente optó por ir a casa a orinar o hacerlo en la calle. Al final, el olor en las calles que rodeaban la carpa era nauseabundo. Lo sufrieron especialmente la multitud de personas que el domingo participaron en esa misma carpa en un encuentro de bolillos".
Aunque, puestos a recordar, resulte más reconfortante y significativo evocar actividades solidarias como la que el último día de octubre del año 2005 vio cómo El Plano se convertía en el punto de arranque de la ‘XIX Carrera de la Solidaridad’, que sirvió para impulsar proyectos internacionales de cooperación de apadrinados por ‘Sarabastall’. Genio y figura de un barrio con poco más de cincuenta años de historia pero con indudable y envidiable dinamismo urbanístico y social.
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